La piel de una persona adulta suele tener entre una docena y varias docenas de lunares, y casi todos son completamente inofensivos. Aun así, los nombres cotidianos — lunar, peca, marca de nacimiento — a menudo se mezclan, y las diferencias entre ellos pueden resultar confusas. En este artículo explicamos los tipos de lunares más frecuentes, cuáles basta con vigilar y cuáles merecen una mayor atención del dermatólogo.
¿Cuántos lunares es normal tener?
La mayoría de las personas tiene entre 10 y 40 lunares repartidos por el cuerpo. Aparecen sobre todo en la infancia y la adolescencia, y su número puede seguir aumentando hasta cerca de los 30–40 años. Es algo totalmente normal. La cantidad por sí sola no es motivo de alarma — sin embargo, tener un número muy elevado (más de 50) es uno de los factores que aumentan el riesgo de melanoma y un motivo para realizar revisiones periódicas con un especialista.
Más importante que contar los lunares es conocer tu propia piel: qué lunares tienes, qué aspecto tienen y si están cambiando. Para eso creamos J-Skin: un mapa corporal donde puedes marcar cada lunar y llevar un historial de fotos independiente para cada uno.
Lunar común (nevus)
Es el tipo de lunar más frecuente y más "clásico", a menudo llamado simplemente lunar de belleza en el lenguaje cotidiano. Desde el punto de vista médico es un nevus pigmentado (melanocítico), una agrupación de células que producen pigmento (melanocitos).
Un lunar común suele:
- ser redondo u ovalado y simétrico;
- tener un color uniforme — desde el tono de la piel, pasando por el marrón, hasta casi negro;
- tener bordes lisos y bien definidos;
- ser pequeño — normalmente menos de 6 mm;
- ser plano (una mácula) o ligeramente elevado (una pápula).
Los lunares comunes son casi siempre benignos. Un lunar aislado, estable, de color uniforme y bordes lisos no requiere tratamiento — basta con observarlo.
Lunar displásico (atípico) — por qué conviene vigilarlo
El lunar displásico, también llamado atípico, es un lunar pigmentado que tiene un aspecto algo "distinto" al de un lunar corriente, pero que todavía no es un melanoma. Con frecuencia:
- es mayor de 6 mm;
- tiene bordes irregulares o difuminados;
- es desigual en color — combina varios tonos de marrón, a veces con un centro rosado;
- puede ser plano con una parte ligeramente elevada (aspecto de "huevo frito").
Es un tipo clave, porque los lunares atípicos — sobre todo cuando son muchos — se asocian a un mayor riesgo de melanoma. Una aclaración importante: un único lunar displásico, en la mayoría de los casos, nunca se convertirá en cáncer. La señal de alarma no es su aspecto en sí, sino el cambio con el tiempo. Por eso las personas con numerosos lunares atípicos (el llamado síndrome del nevus atípico) deben estar bajo control dermatológico regular y a menudo se les realiza dermatoscopia y mapeo de lunares.
Lunar congénito
Un lunar congénito es el que está presente desde el nacimiento o aparece en las primeras semanas de vida. Se clasifican por su tamaño:
- pequeños (hasta 1,5 cm) — los más frecuentes, con un riesgo de transformación mínimo;
- medianos (1,5–20 cm);
- gigantes (más de 20 cm) — poco frecuentes, conllevan un riesgo claramente mayor y requieren vigilancia continua por un especialista.
La mayoría de los lunares congénitos pequeños son seguros, pero como "crecen junto con el niño", conviene observarlos y documentarlos con regularidad. Cualquier crecimiento de vello o engrosamiento dentro de un lunar de este tipo debe ser evaluado por un dermatólogo.
Nevus de Sutton (halo)
El nevus de Sutton es un lunar corriente rodeado por un anillo claro y despigmentado — de ahí el otro nombre, "halo". Se forma cuando el sistema inmunitario empieza a destruir poco a poco las células pigmentarias del lunar; con el tiempo el lunar puede desaparecer por completo y dejar una mancha clara.
En niños y adultos jóvenes suele ser un fenómeno benigno. Aun así, conviene mostrarlo a un médico — sobre todo cuando aparece en un adulto, cuando el anillo es desigual o cuando el lunar central tiene un aspecto inusual.
Léntigos (manchas solares)
Son manchas planas y marrones causadas por una acumulación local de pigmento. Los léntigos solares (manchas de la edad) aparecen en la piel más expuesta al sol — la cara, las manos y el escote — y son una señal de la exposición acumulada a los rayos UV. En sí mismos son benignos, pero su presencia recuerda que esa piel ha estado muy expuesta al sol, lo que es un factor de riesgo. A veces es difícil distinguir un léntigo inocente de un cambio maligno temprano (lentigo maligno), por lo que una mancha nueva, que crece o se oscurece en una persona mayor siempre merece la valoración de un dermatólogo.
Imitadores benignos — esto no son lunares
Algunas lesiones que parecen lunares en realidad son otra cosa:
- Queratosis seborreicas — muy frecuentes a partir de los 40 años, son crecimientos cerosos y "pegados" a la piel, de color entre amarillo y marrón oscuro. Son completamente benignas, pero pueden parecerse a un melanoma porque a veces son oscuras y desiguales.
- Dermatofibroma — un nódulo pequeño y firme, casi siempre en las piernas, que se hunde ligeramente al apretarlo por los lados (signo del hoyuelo). Benigno.
- Verrugas víricas y xantelasmas — tampoco están relacionados con los melanocitos.
El problema es que, para un ojo no entrenado, estas lesiones pueden ser indistinguibles de un lunar verdadero, y a veces de un melanoma. Por eso, en lugar de adivinar, es mejor observar la lesión y mostrarla a un especialista si cambia.
Qué lunares vigilar y cuándo ir al médico
Sea cual sea el tipo de lunar, conviene acudir al dermatólogo cuando notes:
- un lunar que cambia de forma, color o tamaño;
- un lunar que sangra, pica o duele sin lesión previa;
- un lunar nuevo que aparece después de los 40 años;
- un lunar que claramente destaca entre los demás (el signo del "patito feo").
La mejor herramienta de evaluación es la regla ABCDE, y si quieres saber qué aspecto tienen los cambios malignos más tempranos, lee nuestro artículo sobre cómo es el melanoma y sus primeros síntomas.
Aquí es precisamente donde ayuda el seguimiento regular. En J-Skin puedes marcar todos tus lunares en el mapa corporal, llevar un historial de fotos independiente de cada uno y compararlos a lo largo del tiempo. Así — tanto si tienes lunares corrientes como atípicos — te resultará más fácil detectar ese único cambio que de verdad requiere una consulta.
Este artículo tiene carácter educativo y no sustituye un examen dermatológico. Si tienes dudas sobre cualquier lunar, consulta con un médico.
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